Si la vivienda es el drama que atenaza a millones de españoles, lo mínimo es debatirla de frente. El Partido Popular lo ha puesto por escrito. Y, según su versión de los hechos, en Ferraz han respondido con el gesto más elocuente de la precampaña: ni recoger el sobre.
Miguel Tellado, secretario general y director de campaña del PP, remitió este miércoles una carta a María Jesús Montero, responsable de Estrategia del PSOE. La propuesta era concreta: un cara a cara entre la ministra de Vivienda, Isabel Rodríguez, y el vicesecretario popular del área —y candidato por Sevilla— Juan Bravo. Sin humo. Sin tertulia infinita. Un debate sobre el tema que, en Génova y en buena parte del país, ya se trata como el primer problema doméstico.
La misiva abría sin florituras: el problema de la vivienda atenaza a millones de españoles que esperan soluciones inmediatas de sus representantes. Tellado ironizaba asumiendo que los socialistas querrían «defender con orgullo» su gestión y agradecía de antemano la «voluntad de colaborar» de Montero. El dardo final venía envuelto en educación de campaña: «Nadie entendería vuestra renuncia a explicar las políticas a las que Pedro Sánchez pretende dar continuidad durante otros cuatro años».
El sobre salió de Génova hacia Ferraz por mensajero. Según documentan los populares con acuse de recibo, en la sede del PSOE se negaron a recogerlo. El relato del PP es de novela corta administrativa: una trabajadora identificada en el recibo como secretaria bajó, abrió la carta, la fotografió y denegó la recepción. La misma misiva viajó también por correo electrónico. En Génova no necesitan un think tank para interpretar el gesto: lo leen como el verdadero interés del PSOE por debatir «el primer problema del país».
Tellado no se limitó al protocolo. Recordó que Sánchez adelantó las elecciones —incumpliendo, dice el PP, la palabra de agotar el mandato— con la coartada de responder al drama habitacional. Y metió el dedo en la herida política del momento: aludió a los «recientes escándalos» en torno a las empresas de la pareja de la portavoz del PSOE, Montse Mínguez, y al piso facilitado a Iván Redondo, exjefe de Gabinete de Sánchez, por un valor inferior al de mercado. En la carta del PP, esos episodios «no pueden ser excusa» para opacizar el debate de la vivienda. Conviene subrayarlo: son alusiones del PP en clave de oposición, no un veredicto judicial que este medio convierta en sentencia.
El envío no llega en el vacío. Coincide con el compromiso anunciado por Alberto Núñez Feijóo de rebajar 25.000 euros en impuestos a los jóvenes que compren su primera vivienda. Es decir: oferta programática por un lado, reto de debate por el otro. Mientras tanto, el Gobierno intentaba ayer mismo recuperar el relato con dos reales decretos por un total de 225 millones —180 para zonas de mercado tensionado en comunidades que las han declarado y 45 para alojamientos universitarios—. Dinero público, sí. Cara a cara político, de momento, no.
Desde esta mesa el marco es simple. Si Moncloa y Ferraz creen de verdad que su política de vivienda aguanta un escrutinio, el debate Rodríguez-Bravo debería ser una oportunidad, no un paquete devuelto en conserjería. Rechazar la recepción —si se confirma la versión del acuse de recibo que exhibe el PP— no es un detalle de protocolo: es un mensaje a quien paga alquileres de ciencia ficción y entradas que parecen hipoteca de otra vida.
La precampaña del 29-N ya ha demostrado que la vivienda mueve más que un eslogan. Hay huelga general en el horizonte del 11 de noviembre, hay decretos, hay promesas de oferta y hay pelea por el relato tras el caso Mínguez. Falta lo de siempre cuando un gobierno lleva años en el asunto y la calle sigue sin ver techo asequible: explicar, comparar y mojarse en abierto. Una carta no construye pisos. Pero una negativa a recogerla tampoco baja el precio del metro cuadrado.
Tellado ha dejado el guante sobre la mesa. Montero tiene el correo. Isabel Rodríguez tiene la carpeta del ministerio. Juan Bravo tiene el encargo del PP. El país, el problema. Si Ferraz prefiere la foto del sobre sin sello de entrada, que no se queje después cuando la oposición diga en cada mitin que al PSOE le tiembla el debate de la vivienda. En campaña, a veces el gesto vale más que el PowerPoint.
