Hay purgas que dicen más por quién dejan dentro que por quién echan fuera. La del PSOE para el 29-N es una de ellas.

Los números impresionan. Según El Confidencial, el 38,8% de la bancada socialista no repetirá. Son 47 diputados de esta legislatura que se quedan fuera de las listas. Casi cuatro de cada diez caras, nuevas. Una renovación de las grandes, de las que un partido vende como aire fresco.

Y en medio de ese barrido, un nombre que no se mueve ni un milímetro: Óscar Puente. Sigue de cabeza de lista por Valladolid. Intacto.

La frase que lo explica todo

¿Por qué se queda justo él? La respuesta no la damos nosotros. La dan fuentes del propio partido, recogidas por El Confidencial. Quitarlo «sería asumir la culpa».

Ahí está la clave. No se mantiene a Puente porque sea el mejor candidato posible para Valladolid. Se mantiene porque sacarlo sonaría a reconocer un error. Es una lógica curiosa: en vez de pensar en el votante, se piensa en el relato. En lo que diría la oposición. En no dar la razón a nadie.

Primero el titular. Después, ya si eso, el ciudadano.

«Ni va con mi carácter ni es lo que el presidente me ha pedido»

El viernes, tras la rueda de prensa sobre Urda, Puente habló. Dijo que «la fatalidad existe y hay que afrontarla». Admitió las caídas del sistema LZB —170 en lo que va de año, según esa misma comparecencia— y descartó dimitir con una frase que retrata el momento político: «Ni va con mi carácter ni es lo que el presidente me ha pedido».

Leámosla despacio, que tiene miga. No dimite porque no va con su carácter. Y, sobre todo, porque el presidente no se lo ha pedido. La responsabilidad política, en esta versión, no la marcan los hechos ni el cargo. La marca Moncloa. Si el jefe calla, uno se queda.

Que quede claro lo que aquí no se juzga: nadie afirma culpa penal de nadie. Eso, si procede, es cosa de los tribunales. Lo que se mira es otra cosa, más sencilla y más política.

Un ministro desgastado, y aun así blindado

Conviene recordar un dato anterior al accidente. Según el reportaje, Puente ya era el segundo peor valorado en el CIS. Traduzcamos: no hablamos de un activo electoral al que el partido quiera proteger por su tirón entre los votantes. Hablamos de un ministro gastado al que, aun así, se blinda.

No se protege un valor. Se protege un símbolo. Y el símbolo es la lealtad.

Renovar a todos menos al problema

El contexto de la limpia es amplio, hay que reconocerlo. La rotación socialista ronda el 39,2%, parecida a la del 23-J. A la izquierda de Sumar el recambio se dispara hasta el 58%. El PP se mueve en torno al 26%. Vox, más estable, alrededor del 12%.

O sea, el PSOE mueve ficha en masa. La lista de ausencias es larga: Cristina Narbona se va por decisión propia; también quedan fuera Alejandro Soler, Andrea Fernández o Patricia Blanquer, además de otros con varias legislaturas a sus espaldas. Antes ya habían salido Montse Mínguez y Joaquín Martínez Salmerón, estos por polémicas. El cepillo ha pasado por casi todos.

Y ojo, porque renovar no es lo mismo que soltar lastre. Hay 24 cargos del Gobierno colocados en puestos de salida: 11 ministros, 6 delegados y 7 subdelegados. En el Senado, además, cesiones para encajar a la coalición de la izquierda. Las listas no solo cambian caras: colocan a los de confianza en los sitios buenos.

Casi todos pasan por la renovación. El ministro del desgaste, no.

El mensaje que queda

Aquí está el fondo. Cuando un partido renueva al 38,8% de su bancada pero protege justo al dirigente más cuestionado, manda un mensaje. Y el mensaje no es de regeneración. Es de obediencia.

La renovación de caras es real. Pero tiene una excepción que la define entera. Se cambia a quien se puede cambiar. Se protege a quien conviene al líder. Lo demás es decorado.

El reloj, además, ya casi no corre. El 1 de noviembre era la última ventana para retoques por renuncias. Las candidaturas se proclaman el 2. El martes, al BOE. A partir de ahí, no hay marcha atrás: Puente va en las listas y punto.

Enfrente, la derecha ordena sus tiempos a su manera. Feijóo reúne este lunes a la cúpula del PP y reanuda la campaña tras el luto por Urda. Cada cual gestiona el momento como cree.

La lección de estas listas cabe en una línea. En el PSOE de hoy, la responsabilidad ya no depende de los hechos ni de los resultados. Depende de si el presidente te pide que te vayas. Y a Puente no se lo ha pedido. Renovar mucho, para cambiar poco. Y dejar claro, por si alguien lo dudaba, que la lealtad al jefe cotiza más alto que la responsabilidad ante los ciudadanos.

Fuentes y contexto