En Granada, con el 29-N a la vista y la sala Federico García Lorca llena hasta la bandera, Pedro Sánchez no vendió matices. El mensaje fue de trinchera: lo que proponen Feijóo y Abascal «no es una alternancia», es «una involución». Y el envoltorio, dijo, no engaña: «Feijóo es el envoltorio, pero Abascal es el regalo y hay regalos que no merece la pena abrir».

El acto —segundo gran mitin andaluz de precampaña tras Dos Hermanas— reunió, según la organización, a unas 3.000 personas en el Palacio de Congresos. Subieron también María Jesús Montero y el cabeza de lista al Senado por Granada, Pedro Fernández. En el escenario, el abrazo con Miguel Ríos y el poema Cantos nuevos de Lorca para marcar el tono: memoria, diversidad y movilización.

El anuncio que importa: aborto en la Constitución

La pieza gorda no fue el verso. Fue la promesa concreta: si vuelve a Moncloa, el PSOE reformará y «blindará» el derecho al aborto en la Constitución. Traducción para el metro: no solo defender la ley actual en un mitin; intentar meterla en la norma de normas para que no baste un cambio de Gobierno y un decreto para dar marcha atrás.

En el mismo paquete metió otras líneas rojas que la derecha lleva semanas tocando: la ley de eutanasia «se mantendrá en pie como una gran conquista»; el salario mínimo «se va a subir» mientras él sea presidente, «con o sin acuerdo con la patronal»; y el sistema de pensiones, dijo, «goza de extraordinaria salud» —subir el SMI, añadió, es también más dinero para cotizaciones.

Frase para el titular de derechos: «Sobre el derecho y el cuerpo de las mujeres ningún hombre volverá a opinar». No es un paper académico. Es el marco con el que el PSOE quiere convertir el 29-N en referéndum de derechos sociales frente a lo que llama «tijeras» de Feijóo y «motosierra» de Abascal, con guiño explícito a Milei y a Trump como espejo indeseable.

Recortes, vivienda y el voto que no se deja en casa

Sánchez dibujó una «lista interminable» de recortes de la derecha —sanidad, SMI, aborto, eutanasia— y la contrapuso a las «conquistas» de su Gobierno. Pidió una mayoría parlamentaria progresista para «ir más lejos» en vivienda y derechos, y acusó a PP y Vox de jugar a la desmovilización para luego recortar.

También entró en la pelea del censo exterior: lamentó que se ponga en duda la llamada ley de nietos y lanzó la pregunta retórica que ya recorre la precampaña —si los nietos del régimen franquista pueden votar y los del exilio republicano no—. Su respuesta de campaña: «nosotros vamos a votar por ellos».

Montero apuntaló el relato andaluz: donde gobiernan PP y Vox, dijo, se ve el modelo —recortes a sintecho, debilidad sindical— y pidió no dar «un solo paso atrás» en eutanasia e igualdad. El cierre de Sánchez fue de movilización familiar: pensad en los vuestros, votad progresista, protegédles la pensión, la escuela y la paz.

Qué cambia y qué no

Cambia el listón del debate: el PSOE ya no solo defiende el aborto como ley ordinaria; lo eleva a proyecto de blindaje constitucional. Eso exige, si gana, una reforma constitucional con las mayorías que la Carta exige —y hoy no las tiene en el bolsillo—. No cambia, de momento, el texto vigente: lo de hoy es precampaña, no BOE.

Tampoco convierte en hecho la «involución» de la derecha: es el marco con el que Sánchez lee las promesas ajenas. Lo que sí es hecho documentado es el anuncio, el escenario, las cifras de asistencia que da el partido y el menú de compromisos (aborto, eutanasia, SMI, pensiones, vivienda, regularización y cotización de medio millón de los 1,2 millones regularizados, según su propia intervención).

A 36 días del 29-N, la izquierda del Gobierno elige el terreno de los derechos corporales y del salario. La pregunta práctica para el lector: si el miedo a la motosierra moviliza más que el cansancio con Moncloa. Eso solo lo dirán las urnas.