Pedro Sánchez ha salido de Ferraz con el mensaje de campaña ya afilado: «o avanza el pasado o avanza España». En la entrevista que publica este domingo EL PAÍS, el presidente y candidato del PSOE no se anda con medias tintas sobre lo que, a su juicio, significaría un Ejecutivo de PP y Vox. «Un Gobierno del PP con Vox no representa una alternancia, es una auténtica involución. Supone retroceder 40 años, 50 años de golpe» en debates como el aborto o la muerte digna.

La frase no es un adorno. Es el marco con el que la mesa progresista quiere cerrar el 29-N: no hay normalidad institucional en un pacto que, según Sánchez, trae el manual de la «motosierra» y la censura cultural que ya se ha visto en comunidades donde gobierna la derecha. «Vox pone las ideas y el PP, la ambición de poder», resume.

El 29-N, en una sola frase

La conversación, firmada por Jan Martínez Ahrens y Carlos E. Cué, se celebró el viernes en la sede histórica del PSOE. Sánchez se presenta a sus sextas generales y se le ve, escriben los periodistas, más suelto tras el desgaste de la crisis de Ceuta y de la condena de su hermano. El relato es de renacimiento electoral: hay malestar social —huelga general y acampada en Sol incluidas—, pero también crecimiento y empleo, y la urna como atajo a una «mayoría mucho más amplia y progresista».

Sobre las encuestas que dan ventaja a la derecha, el candidato tira de historial: los mismos que hoy vaticinan el triunfo de PP y Vox, dice, ya anunciaron que Podemos iba a comerse al PSOE o que él perdería en 2019 y en 2023. «El 29 de noviembre habrá una mayoría parlamentaria progresista mucho más amplia», sostiene, porque la ciudadanía se movilizará «para que continúe avanzando España».

Vivienda: el flanco que no se esconde

El malestar, admite, existe y tiene dirección: la redistribución del crecimiento y, sobre todo, el acceso a la vivienda. El Banco de España cifra en 700.000 las casas que faltan; la pregunta periodística es si ocho años sin resolverlo no es un fracaso. La respuesta de Sánchez mezcla balance y bloqueo parlamentario: dice haber multiplicado por ocho el presupuesto de vivienda, aprobado la primera ley estatal, construido un millón de viviendas (un 13% protegidas) y chocado una y otra vez con una mayoría de PP, Vox y Junts que tumbó decretos.

Y lanza el contraste territorial que quiere que el votante de izquierdas repita en el metro: «PP y Vox, allí donde gobiernan, se niegan a aplicar la ley estatal de vivienda. Donde se lleva adelante, como en Barcelona, ha caído el precio del alquiler un 5%, mientras que en Madrid no para de subir». Es su dato y su marco. La lectura progresista es clara: sin mayoría para regular de verdad, la oferta sola no ablanda el mercado.

Compromisos de campaña que deja por escrito: subir el salario mínimo antes de las elecciones; mantener el mensaje de pensiones públicas «saneadas» con factores de corrección; y seguir el escudo social mientras dure la guerra que, según él, explica buena parte de la inflación del 4,9%.

El error que nombra y el barro que niega

Cuando le preguntan por el mayor error de ocho años, no duda: «la corrupción de Ábalos», «por el doble error de no haberla visto y, por supuesto, de que sucediera». Ha pedido perdón, dice, y ha colaborado con la Justicia. Sobre Leire Díez, recuerda la baja exprés como militante y se escuda en «estrategias judiciales» del partido para no querellarse. Sobre Zapatero, defiende legado y presunción de inocencia y lo llama «activo» del PSOE, sin cerrar su papel en campaña.

En el terreno familiar, la defensa es máxima y polémica: sostiene que David Sánchez y Begoña Gómez «están siendo juzgados por ser el hermano y la esposa del presidente» y que «se han traspasado las líneas rojas». Eso es su tesis política, no un veredicto. El indulto al exfiscal general Álvaro García Ortiz queda en el aire procesal: cuando se cierre el expediente, «decidiremos», porque consideran la sentencia «injusta».

Deepfakes, algoritmos y la foto que no se hicieron con Milei

Sánchez carga contra el uso de inteligencia artificial del PP para suplantar voces e identidades: lo llama «lamentable» y lo equipara a técnicas de acosadores. Promete que el PSOE no hará deepfakes. En paralelo, culpa al diseño de los algoritmos de privilegiar polarización y odio. Y deja la imagen de campaña: PP y Vox no se fotografiaron con Javier Milei «por extrema vergüenza», pero «comparten su manual de instrucciones, de recortes, de tijeretazos, de motosierras».

Desde esta mesa la lectura no es ingenua. Sánchez necesita convertir el miedo a la involución en voto útil sin negar el desgaste de ocho años. La entrevista le da el eslogan, el mea culpa de Ábalos y el contraste vivienda Madrid-Barcelona. Falta lo más difícil: que el electorado progresista, fragmentado y cansado, lo compre el 29-N.