La mañana del 28 de octubre ha dejado la precampaña del 29-N en silencio. Entre Mora, Orgaz y Urda (Toledo), en el entorno del punto kilométrico 118 de la línea de alta velocidad Madrid-Andalucía, un tren de Renfe (AVE) y otro de Iryo han colisionado. Dos vagones han acabado por un terraplén. Adif ha cortado la línea. Renfe ha abierto cambios y anulaciones. Y la política, por una vez, ha aparcado el atril.
La consejera portavoz de Castilla-La Mancha, Esther Padilla, ha confirmado al menos 10 fallecidos y ha avisado de que la cifra «seguramente» subirá mientras trabajen emergencias y bomberos. Ha situado en el Iryo a 146 pasajeros más un bebé y en el AVE a 397 personas. Son datos de la Junta, no un balance judicial cerrado. Conviene leerlos así.
Qué se sabe (y qué no)
Las primeras informaciones del Ministerio de Transportes, recogidas por Europa Press, apuntan a un alcance por detrás: un AVE habría golpeado a un Iryo, provocando el descarrilamiento de dos vagones del segundo. Padilla ha dicho en TVE que aún se desconoce por qué uno de los trenes «parece que estaba parado». Un ingeniero ha hablado en medios de un posible fallo humano ligado a que no funcionara el sistema automático de señalización. Eso es hipótesis de tertulia técnica, no atestado. Confundir ambas cosas es otra forma de irresponsabilidad.
Adif ha confirmado la incidencia. Personal de Adif y Renfe está en el lugar. Feijóo, en X, se ha declarado «muy preocupado» y ha fijado la prioridad correcta: atender a las víctimas y acompañar a las familias, con apoyo a los equipos de emergencia. El PP ha cancelado «toda la agenda de campaña del partido en todo el país». El PSOE ha hecho lo mismo. Moncloa ha suspendido la agenda ministerial del día. Sánchez se dice «consternado», en contacto con Óscar Puente y con Emiliano García-Page, y el Gobierno aún no ha soltado cifras oficiales propias de afectados.
La pregunta que vendrá después del duelo
Hoy no toca mitin. Mañana, o pasado, tocará lo que siempre toca cuando falla la red que presumimos más segura de Europa: cadena de mando, protocolos, señalización, mantenimiento y supervisión de una línea donde conviven operador público y operador privado. La liberalización del AVE no es un dogma sagrado ni un chivo expiatorio automático; es un modelo que exige control de Estado a la altura del riesgo. Si el sistema automático no estaba operativo, o si un tren parado no estaba protegido como debe, alguien tendrá que explicarlo con papeles, no con eslóganes.
España no puede permitirse que la alta velocidad se gestione como un relato de modernidad mientras las familias esperan identificación de víctimas en un terraplén de Toledo. El Congreso ha llegado a cancelar un homenaje previsto. Los partidos han apagado la precampaña. Bien. Ahora falta lo difícil: una investigación rápida, transparente y sin cortafuegos políticos entre Adif, Renfe, el operador privado y el ministerio. Sin inventar culpables a las 11 de la mañana. Y sin enterrar el expediente cuando baje el trending topic.
El 29-N sigue a 32 días. Las listas ya están en el BOE. Pero este miércoles la política española se mide por otra cosa: si sabe estar callada mientras hay muertos, y si sabe ser exigente cuando haya que rendir cuentas por la seguridad de quienes solo querían llegar a Sevilla.
